LOS ECOS DEL ESPÍRITU DE LA MANADA

LOS ECOS DEL ESPÍRITU DE LA MANADA
Agosto 5, 2017 juantrigo
In CUENTOS CORTOS

El padre de Pedro Miguel fue ferroviario y el abuelo también, todos oriundos de Villamediana de Iregua, actual Comunidad Autónoma de La Roja, antes Castilla la Vieja, pero Pedro Miguel mostró desde niño unas dotes intelectuales muy superiores a la media familiar. Tanto que, ya de adulto, compaginó sus obligaciones de alto ejecutivo de una empresa estatal con un magisterio en Ciencias Exactas con el cual llegó a fundar una escuela de estudios de grado medio y bachillerato para alumnos de las mejores familias de Logroño.

Su fuerte sentido de clan se puso a prueba cuando la dirección ejecutiva de Madrid le conminó a escoger: o Funcionario del Estado (seguir con su puesto de director general para La Rioja ) o sus actividades privadas (la dirección de su ya por aquel entonces grupo escolar con tres escuelas de élite y una Fundación). Supo enseguida que tanto económica como vocacionalmente salía perdiendo sin duda con la primera opción, pero el espíritu de la manada imperó al sentido común, sin llegar a sospechar cuánto en realidad saldría perdiendo. En la “pantalla” de su mente aparecieron su padre y su abuelo montamos en una enorme locomotora a vapor echando humo por los cuatro costados, mirándolo fijamente con su imperturbable aire severo.

No tardó mucho en darse cuenta inevitablemente de su fatal error, porque dos años más tarde de haberse vendido todas sus acciones en el grupo escolar y fundación y renunciar a sus cargos directivos en el Grupo de Escuelas como le obligaron los altos ejecutivos de Madrid hubo un cambio radical de partido político gobernante arrastrando en ese cambio al funcionariado  de provincias: le comunicaron la jubilación anticipada a sus 54 años; muy joven para recibir tal trato y después de 38 años de servicio abnegado e impecable.

Con la distancia personal del caso seguro que cualquiera de nosotros no hubiera dudado en enterrar la bandera familiar y continuar con su lucrativa actividad privada, cuya jubilación no dependía más que de él mismo, pero esa seguridad solo es el resultado de no sentir sobre nuestras espaldas el rugir de aquella monstruosa locomotora humeante.

La mayoría tiende a refugiarse dentro de la manada por más que su estímulo explorador y amor propio le quieran lanzar en busca de nuevos horizontes donde experimentar la vida. Y dentro de la protección que otorga aquel campo cerrado que van desdibujando incluso su fisonomía hasta uniformizarla con la de sus correligionarios y por supuesto hasta olvidar casi por completo que una vez tuvieron un sueño de grandeza. El “casi” nos hace referencia a una nostálgica amargura cuando de aquella protección ya solo cuentan las migajas .

Ah!! Si pudiéramos escarmentar en piel ajena!!

Pues es posible, pero a condición de ver claramente la ruidosa locomotora y no tomarla por una escena de película de época, es otras palabras tomarse en serio los peligros de los mensajes subliminales que nuestra conciencia en su momento nos lanza contra la libertad individual.

Afortunadamente para Pedro  Miguel, su inteligencia matemática era lo suficientemente viva como para revelarse contra cualquier sentimiento de desánimo y frustración, y dio rienda suelta al espíritu investigador que toda inteligencia alberga por mediana que sea. A los 60 años se matriculó en la Universidad para cursar estudios de física cuántica y astronomía, y en la actualidad a sus 87 años lo vemos desarrollando investigaciones sobre efectos lumínicos de los cuerpos celestes que probablemente le lleven a una candidatura al Premio Nobel, pero sobre todo le llevan a sentir que la edad no es ningún obstáculo para desarrollar una actividad creadora de primera línea, y sentirse plenamente satisfecho de estar vivo. 

 

Juan Trigo

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