Acerca de mi

Nací en el seno de una familia muy inquieta por lo alternativo, por muy peligroso que eso supusiera en la España de postguerra y en lo más duro de la dictadura franquista. Mi madre reunía en casa a grupos de pensamiento prohibidos, como la masonería, teosofía, escuela Arcana, etc, incluso albergó al primer grupo de Testigos de Jehová que se formo en España, a principios de los 50. A mi madre le entusiasmaba recibir a unos y a otros sin tomar partido por ninguno (ascendente Acuario) aunque ella seguía para su intimidad una escuela de cristianismo ecuménico que nació en Estados Unidos durante la Gran Guerra, llamada Unity y que cobijaba a todas las creencias religiosas y sociales bajo un mensaje universal de Cristo.

En esas reuniones, a las que mi altura física no llegaba al borde de la mesa, empece a escuchar astrología como algo familiar y cotidiano, puesto que masones, arcanos, teósofos, etc., la usaban como una herramienta normal de trabajo, pero no fue hasta los 17 años en que la escuela en la que cursaba estudios preuniversitarios organizó un viaje a Egipto, que eminentes teósofos trataron de iniciarme en las claves de la astrología del antiguo Egipto. En vano, claro, porque mis hormonas tiraban de mi en otras direcciones menos trascendentes y más habituales en un adolescente, decepcionando a tan ilustres mentores que por alguna razón me tomaron, erróneamente,  como a un Jesus debatiendo a los 12 años con los doctores de la Iglesia.

En fin, mi Carta Natal fue levantada por alguno de los colegas de mi madre, que siempre mostró su preocupación en aquello de “¿qué hacemos con este chico?”, y así fui impregnándome subliminalmente y poco a poco de los arcanos y simbología astrológica, aunque  yo no albergara la más mínima intención de hacer de ello una profesión. Empece la carrera de ingeniero industrial, que culminé con dos cursos de postgrado por el Instituto del Petróleo de Paris,  y más tarde el doctorado por la Universidad Politécnica.

Pero como puede leerse en la novela de Julien Green, “Leviathan”: “Dios (en mi caso la astrología y el ocultismo en general) fue siguiéndome los pasos con paciencia”, hasta que por casualidad (soy de los que creo que las casualidades no existen) conocí a mi maestro sin la intención de hacerlo. Siempre fui un apasionado de escribir relatos; una forma de comunicación más eficaz que la que utilizaba de niño, el dibujo, porque en un relato me podía teclear mucho mejor en los personajes y las escenas que aunque dibujara largos cómics con muchas viñetas. A los 15 años una escritora de fama por aquella época, Carmen de Villalobos, leyó mi primera novela y me animó a seguir escribiendo, aunque no a presentarme a concursos literarios porque decía que “solo juegan con tu nombre”, a lo cual no le hice caso y me fui presentando a innumerables concursos literarios. En uno de ellos, en el prestigioso Premio Planeta de 1975 quedé para las votaciones finalistas con una novela, “Desierto de Niebla y Cenizas”, una pura elucubración esotérico-literaria que a algún miembro del jurado debió gustar, pero que desde luego por lo que me dijeron después de no darme ninguna opción a ser publicada, no era comercial. Uno de los miembros los del jurado me animó a buscar editorial, y el hijo de Carmen de Villalobos, después de haber hojeado mi novela, me dijo que podría probar en una editorial de Ciencia Ficción. Yo desconocía por completo el género. Por aquella época leía a Henry Miller, Lawrence Durrell, Eric Fromm, Rilke, Oscar Wilde, Camilo José Cela, etc. Fui a una librería e indagué en editoriales que publicaran ese género, y la primera que elegí fue mi destino, la Editorial Martinez Roca, de la cual era redactor el que fue mi maestro y mentor en astrología y ciencias ocultas, Emilio Salas.

Recibí una llamada suya en la que consulta estilo directo y sin concesiones (Tauro con Venus en Aries y Asc leo) me dijo: “Me ha interesado su novela, pero así no se puede publicar porque es indigerible. Me ha interesado, entre otras cosas, su mención a una de las cuartillas de Nostradamus que es mi preferida. Si le interesa, tenemos que vernos y trabajar reescribiendo completamente su novela. Ya se que a un autor eso no le gusta en absoluto, pero es lo máximo que puedo proponerle. Se lo piensa y me llama.”

Mi novela era una sucesión entrelazada de tres historias separadas completamente el tiempo y por si fuera poco imitando el estilo que marcaron algunos novelistas de la época como Camilo Jose Cela de forzar a lector a navegar sin separación de capítulos y ni siquiera puntos y aparte o siquiera punto y seguido. El argumento es el descubrimiento de un superviviente del colapso de una civilización, la nuestra, por un cataclismo nuclear, por parte de científicos de una nueva civilización surgida mil años después de ese cataclismo, que logran hacerle preguntas  acerca del porque se extinguió su civilización para evitar que a ellos les ocurriera algo parecido, inyectando vida directamente a sus células por medio de una complicadísima máquina. El relato de las preguntas y las respuesta se mezclaba con las vivencias del protagonista en busca, con un grupo de otros buscadores de las claves de la creación, supuestamente escondidas en un remoto monasterio que ellos creían enclavado en lo alto de un pico en algún lugar del Norte de Africa. Además, entrelazándose igualmente a ese relato aparecían diálogos entre dos demiurgos cerca de la verdad de la aparición del ser humano en el planeta.

Fui a verle y me propuso lo siguiente: Concentrar en un primer capítulo la escena del descubrimiento del superviviente, en el fondo de un abismo y dentro de un magma radiactivo, en algún lugar del fondo de lo que fue el mar Mediterráneo, a la sazón convertido en un desierto de fangos tóxicos por la radiación y cubierto permanentemente por una espesa niebla: el agua del mar que no logró evaporarse por completo. Y desarrollar en los siguientes capítulos el viaje de los buscadores en medio de un mundo que se destruía a si mismo sin que ellos lo supieran o se dieran cuenta. Y dejar los diálogos de los demiurgos, un tal Dr. Watt (alusión a la obra de Becket, y sugerente de la palabra inglesa “What”, “Qué?) y “El lobo”, personificación de la esencia universal de la naturaleza, a llamadas a pie de página y en cursiva. Y así quedo la novela después de muchas pruebas y así fue editada tres años después de mi fugaz experiencia en un concurso literario.

El hecho es que mientras trabajábamos en la reescritura de la novela tuve la oportunidad para bucear en el insondable pozo de sabiduría que era Emilio Salas, empezando por las cuartillas de Nostradamus como extremos de un “hilo de Ariadna” para avanzar en el Dédalo de la Alquimia, la magia y el esoterismo, pero no de la astrología. Pero no fue asta que una vez publicada la novela le preguntara yo a mi Maestro si creía que debía dejar mis profesión de ingeniero, por aquella época en un empleo de vida muerta, para dedicarme a la novela. Me respondió sencillamente: “Dame tus datos natales y llámame en 15 días”. Me habían dicho que Salas era un conocido astrólogo, pero tal respuesta me sorprendió, o más bien me intrigó.

Cuando volví a verle ya se había trasladado a un lejano pueblecito de la provincia de Lleida, lejos del mundanal ruido. Llegué si avisar, como había yo leído en los relatos del discípulo que va en busca del maestro a las remotas montañas. No estaba; no contestó nadie. Aquello no era una historia de relatos esotéricos sino algo mucho más cotidiano. Le dejé una nota en la puerta y me llamó al día siguiente regañándome. Quedé otro día y sí nos encontramos. Lo primero que me dijo es queme cambiada la Carta Natal, porque el día 15 o 18 del próximo mes de mayo iba a recibir you una noticia que daría un vuelco trascendental a mi profesión como ingeniero. Dijo muchas más cosas en las dos horas que estuvimos con mi horóscopo.me quedé a comer, su esposa había preparado uno de sus suculentos potajes, y nos despedimos sin fijar fecha para un reencuentro. El ya tenía por seguro que esos encuentros iban a ser muy frecuentes y durante muchos años.

El 15 de mayo exactamente me llamaron para proponerme el empleo que dio un vuelco radical a my deambular, muchas veces errático de empresa en empresa. Un magnífico trino del Sol progresado al medio cielo, junto con un calculo muy fino de tránsitos para fijar esa fecha. Le llamé después para notificarle que había obtenido un empleo perfectamente a mi medida y pedirle que fuera mi maestro en astrología. “Bueno, bueno,” respondió como los maestros de la antigüedad, “Ya veremos. Ven y hablamos”.

Ese fue el comienzo de una relación maestro-dicípulo que duró siete años. De dos a tres fines de semana al mes iba a verle a su casa para estudiar astrología, magia, alquimia, Gurdjeff, Ouspensky, etc., y todo lo que se pusiera por delante, interrumpidos solamente por las vacaciones familiares. Llevaba seis o siete cintas cassette cada vez para grabar la casi totalidad de nuestras conversaciones, para después durante la semana ir escuchando y tomando apuntes.

Al mismo tiempo yo ayudaba a Emilio en su trabajo de redactor de la Editorial Martinez Roca en la elección de los libros a publicar en las colecciones de Ciencia Ficción, Astrología, medicinas alternativas, ocultismo, etc. Fue la época en que publicó su libro sobre el Poder de las Pirámides, El Libro de los Nombres, en de los Sueños, el Tarot. Fue la época en que publicaron los libros de Atienda sobre los Templarios, Las Profecías de Nostradamus, las Profecías del Papa Juan XXIII, el Misterio de las Catedrales de Fulcaneli, etc. Fue la época en que colaboré en la preparación y edición del Test Astrológico de la Pareja. Fue la época en que surgió la revista astrológica Mercurio 3. Fue la época en que comenzamos a trabajar con un programa de software astrológico, el Astrocalc, más sencillo y económicamente más asequible que el Matrix de Electric Efemeris.

Siete años después de empezar a estudiar astrología con Emilio Salas me decidí a dar mis primeras consultas y participar en mis primeras ponencias en los Congresos Ibéricos de Astrología. Emilio se impacientaba ante mis dudas de si lo haría bien o no, de si condicionaría a mis consultantes, si acertaría en las predicciones, y me dio una patada allí para que me lanzara a la piscina y confiara en la luz de los antiguos astrólogos, porque ellos me guiarían. Y ya la consulta ha sido desde entonces mi actividad de contacto con lo que está por encima y abarca una dimensión mucho más grande que lo cotidiano.

Empecé a dar clases de astrología en la Asociación de Amigos de la India en 1985 después de que apareciera el Test de la Pareja y la gente de la Asociación me animo a lanzarme también en la enseñanza, y lo he seguido haciendo ininterrumpidamente, aunque hacia el 2010 comencé a dar cursos en línea, que representa hoy mi actividad principal en el ámbito de la enseñanza.

Por aquella época empecé mis estudios de sufismo, en la rama Naqshbandi, con Jordi Cartoixa, discípulo de Idries Shah. Fue un periodo de búsqueda por los caminos del encuentro con la psique y sus diversas técnicas, Transaccional, Psicoanálisis , Bioenergética, hipnosis, regresiones y otras.
También viajé a Turquía i Iran para participar en ceremonias de las ordenes Mevlevi, de Jalal El-Din Rumi, en Konia e Istambul, con los derviches giróvagos, y en Iran en la orden de Javad Nurbakhsh, que también usa la música como medio para acceder a estados alterados de conciencia.
Diez años más tarde conocí a Vicente Lupo en tertulias astrológicas y le pedí que fuera mi maestro en psicología clínica. Compartimos cursos de astrología psicológica y le ayudé a publicar su segundo libro  “Método Lupo de Interpretación Astrológica”, y bajo su tutela comencé a dar terapia con la ayuda de la astrología, y algo más tarde empecé a impartir cursos basados en las líneas fundamentales del Método Lupo.
Como pienso que aprender no se termina nunca, en la actualidad estoy empezando formación en Terapia Gestalt en el Insitut Gestalt de Barcelona