Estaba Nasrudin muy enfermo con fiebre y el médico, que era un asiduo a sus cenas se apresuró a atenderle.

“Vaya”, exclamó después de examinar a su amigo,”No hay nada que yo pueda hacer para salvarle de la muerte”

Al cabo del tiempo el Mulá se recupero completamente de esas fueres pero jamás volvió a invitar a ese médico a sus cenas. Sorprendido por esa actitud tan poco amigable por parte de Nasrudin, el médico fue a su casa y le pregunto si le había ofendido de alguna manera.

“¡No, que va, o estoy ofendido!”, exclamó Nasrudin, al ver al médico. “Estoy avergonzado, pues me ofreciste una consejo muy profesional, per mi cuerpo tomo la decisión de no seguirlo”.