Es un cuento de la tradición sufí que podría ser del Siglo X recogido en una de las primeras antologías que publicó Idries Shah en la década de los 70. Según la tradición musulmana el Corán fue dictado por Dios por medio del arcángel Gabriel en varias veces que el Profeta fue a la cueva de Hira no lejos de La Meca, pero utilizando el también tradicional humor típico de los cuentos de Nasr-El-Din, y con todo el respeto, reverencia e intención didáctica de los cuentos sufís, me llamó la atención hace muchos años un comentario que me hizo mi mentor a propósito de la inestabilidad y extrema vulnerabilidad de la condición humana.

Dice el cuento, que naturalmente pudo ser originado en una reunión de discípulos en algún tabernáculo de entrenamiento, también llamado según algunas órdenes Hane-Gha o “Casa de Agua” en persa, o también taberna, en Damasco o Bagdad del siglo X de la Era cristiana, que el Profeta conversando con Dios, a través del arcángel, le hizo el siguiente comentario.

  • Mi Señor, ¿no os parece excesivo obligar a la gente a rezar 5 veces al día, con e tiempo que lleva eso, por la necesidad de hacer primero las abluciones, retirarse de las reuniones, extender la alfombrilla, etc.?
  • Primero – respondió la voz de Dios – la revelación (El Corán) no obliga, solo recomienda porque lo obligado solo produce inútil repetición automática. Y segundo, ¿qué se puede hacer sino con la condición humana? Por lo menos con esos 5 rezos diarios los tenemos ocupados en algo importante, lo más importante de sus vidas, y evitamos que se distraigan y se dejen llevar por adquirir cosas, defenderlas y creer que son de su propiedad, incluso a costa de dañar a sus semejantes.

Una reflexión que he recordado al ver las colas gente en los centros comerciales obsesionados por comprar cosas y enfadados por no poder hacerlo debido a las restricciones obligadas para reducir la transmisión de la pandemia.

Juan Trigo

Enero 2021