Al volver del entierro de su padre y con el mejor ánimo para encauzar su vida profesional, el chico entra en el taller de su padre y comienza a hurgar en las herramientas. Tal es su ánimo que ni corto ni perezoso se pone a manipular la sierra, el martillo y cuanto encuentra al alcance, recordando como lo hacía su padre las veces que le dejaba estar con él en el taller.

Dos días después el chico pone un gran anuncio en los periódicos locales que decía: “Se ofrece maestro carpintero para construcción de barcos”.

Este es un chiste irlandés atribuido al legendario marino David O’Hamrahan de Galway, que me recuerda cuando hace 30 años comencé a dar cursos de astrología, entre ellos jornadas de fin de semana para iniciarse en astrología, me encontré en el mercado tarjetas de alguno de los alumnos de aquellas jornadas, con el subtítulo bajo su nombre de “Astrologo Profesional”.

Este niño inocente que os escribe, pariente lejano del Principito de Saint Exupéry descendido a la Tierra procedente de un planeta muy lejano donde los habitantes no necesitaban ni siquiera nombre, y por supuesto dinero o desear lo del prójimo, se desgarró las vestiduras y mesó los cabellos ante semejante atrocidad… que con el tiempo, como con todo, ya me he acostumbrado.

Juan Trigo

Mayo 22