Una de las facetas de mi actividad como consultor que más me gusta y motiva, además de la propia satisfacción de procurar que mis consultantes salgan de la consulta mucho mejor de cómo han venido, es notar claramente en algún instante de la hora y media de sesión, el “sonido” de ese clic de conexión con el universo, una chispa desprendida del rumor de fondo que trasciende el cotidiano entre cliente y consultor, para que sus mentes dejen de dar vueltas a lo inútilmente habitual y vuelen en busca de lo que las trasciende y consigue dar un sentido a sus vidas.

Aprovechen ese instante de oro; lo tienen a su alcance. Lo han escuchado en otras ocasiones, y no solo en consulta, sino muchas veces de forma imprevista en el más insospechado de sus quehaceres cotidianos, quiero decir en apariencia desvinculado de lo trascendente, como ducharse, hacer la comida, llegar al autobús antes de que les deje en tierra, etc. Pues, recordado aquello que escribía Teresa de Ávila, de que “Dios también anda entre los pucheros”, no es necesario que nos coloquemos en oración ante ningún templo, recitemos invocaciones o nos sumerjamos en alguna sesión de crecimiento espiritual, para escuchar el sonido del Universo en alguna parte de nuestro interior.

Lo que ocurre en una consulta astrológica es que estamos manejando conjuntos de energías planetarias cuya interpretación puede conducirnos todo lo lejos que podamos en cada momento de la exploración de nuestros contenidos conscientes e inconscientes, y por tanto, en algún momento podemos extraer alguna esencia de ese inconsciente colectivo milenario y conectar con lo que llamamos la Búsqueda de la Verdad.