“Así como la luz de Dios nunca se repite del mismo color, pues se presenta de infinitas formas, un verdadero ârif (conocedor de la luz) no puede quedarse atrapado en un a sola forma de creencia. “

Muyihdin Ibn Al-Arabi. “Viaje al Señor del Poder”.

Si nos fijamos bien, nos daremos cuenta que no hay un solo instante que se repita exactamente, pues, tanto nuestra conciencia va impregnándose de matices nuevos aportados por el aprendizaje de la experiencia, como el universo nos ofrece destellos distintos a cada instante, con tal de prestar bien nuestra atención. Solo las máquinas creadas por la razón restrictiva, simplista y reduccionista repiten un mismo movimiento cada vez. Los seres humanos no; A cada instante podemos oír una armonía de fondo que jamás es la misma.

Cualquier forma de creencia fue preparada con un fin preciso e intencionado a partir de la luz instantánea de maestros e iniciados para hacer un trabajo específico, con una gente escogida, en un lugar preciso y en un momento determinado. Cuando húbose terminado tal trabajo el maestro de despidió y el grupo de dispersó. Solo aquellos que no hubieron entendido el trabajo crearon un mito acerca del maestro y la simbología empleada, instalándole un altar y reduciendo las enseñanzas del trabajo a una mera etiqueta que a la segunda vez de repetida ya no llevaba ninguna clase de energía útil.