Disculpen no es mi intención lanzar nombres raros para captar la atención. Quise decir que el fenómeno que lo largo de los milenios en que la inspiración humana, o de quien sea, ha ido proveyendo claves para conocerse a sí mismo y por tanto ir accediendo a grados de libertad, me recuerda siempre la fábula de Prometeo Encadenado, castigado por los dioses por haber revelado su fuego (el conocimiento) a los humanos.

 

Por eso pienso en que la cantidad de operaciones (por parte también de quien sea) de ataque a la ciencia astrológica han tenido el propósito de desmontar la intención de iluminar a los habitantes y mantenerlos sumidos en la conveniente ignorancia para que sigan siendo piezas de un engranaje, que en la actualidad vete a saber a quién sirven.

 

Es normal que la ciencia se defienda usando armas que solo convencen a sus correligionarios como la validación del Método Científico por la Regla de Karl Popper, que hubiera sorprendido al mismo Aristóteles, sobre quien se fundamente gran parte de la moral de la cultura moderna, herencia de la cristiana. El más antiguo paladín antiastrología fue San Agustín utilizando el ejemplo de los gemelos, que en su época ya fue rebatido por Firmico Materno, pero que hoy se sigue empleando como arma de ataque. Da igual los contenidos de la discusión, porque en definitiva hay muy poca gente que tiene la oportunidad de tomarse la molestia de comprobarlo, solo de obedecer lo que más le conviene, y de eso, alguien más se ocupa de proveerlo.

 

Hay recomendaciones milenarias que no debería uno acostumbrarse a recordar y por tanto olvidar, sino reproducirlas en la mente como si acabaran de aparecer. “Conócete a ti mismo y ese conocimiento te hará libre”. La historia no revela si Sócrates sabía astrología.

 

Juan Trigo

Marzo 2018