La carta natal puede ser un tablero de juego en el que volquemos avalanchas de recetas y otros condicionamientos, anclada con adjetivos mucho más condicionantes como “caído”, “en destierro”, “interceptado”, que convierten efectivamente a la astrología en una trampa determinista y a los que practican la adoración al “dios destino”, depredadores en busca de víctimas cuya credulidad y fácil absorción de todo tipo de miedos las hace presas fáciles.

O bien puede ser un vórtice por el que meterse en conexión con el cosmos y volar como el águila por encima de las miserias de allá abajo, sobre la tierra, donde aquellas víctimas creyeron estar seguras, inútilmente.

En consulta, déjense llevar por sus propios instintos, pero sin provocarlos jamás, porque eso sería ceder a deseos de sentirse seguros sobre la tierra; inútiles deseos. Sientan ese rumor o esas pulsaciones que les conducen a otra dimensión de si mismos. Todo está en ustedes, pero también tantas interferencias bloqueantes procedentes de los mensajes del  mundo, del miedo, del  miedo al miedo.   

Juan Trigo

Septiembre 22