Metáfora para explicar el significado de la Casas Astrológicas.

Cuenta la leyenda que hubo un solo superviviente del terrible naufragio, y que a duras penas pudo llegar a la playa de la única isla existente en medio del gran océano. Exhausto hasta el limite tuvo que esperar varias horas a poder incorporarse.

Casa I. Yo ante los demás.

Finalmente pudo empezar a darse cuenta de que estaba vivo, de una pieza y no presentaba heridas. Entonces levantó la vista. Parecía haber llegado a una isla, pero no podía estar seguro hasta que no hubiera recorrido el territorio. Frente suyo una selva frondosa y el peligro o la fortuna de que fuera una isla habitada.

Casa II. Lo que necesito ineludiblemente.

       Paseó la vista a su alrededor en busca de algo que pudiera necesitar, lo que fuera, pero sabía que no podía dar un paso sin tener algo en las manos que utilizar en caso de necesidad. Y como pensó que habría aborígenes en la isla, miró por si pudiera encontrar algún palo o astilla con que defenderse dado el caso. Finalmente recogió algunos cristales pulidos por el roce de la arena bajo las olas, como diamantes en bruto, con los que posiblemente obsequiar a los habitantes con un presente de respeto.

Casa III. Mi exploración cercana.

El náufrago “armado” con lo que pudo encontrar inició sus primeros pasos hacia la selva. Aprovechó para inspeccionar los alrededores y la naturaleza de la vegetación para tratar de ubicarse geográficamente. Ando en una dirección, luego en otra, hasta adentrarse en la vegetación.

Casa IV. La base de llegada, que significará también mi historia.

Finalmente, después de abrirse camino entre la espesa maleza, el náufrago llega a un claro y se encuentra con una fila de guerreros con el escudo en alto y lanzas en ristre protegiendo el resto de la tribu, que apenas se ve al fondo.

Casa V. Mi demostración.

Se da cuenta que ha de hacer algo para apaciguar y congraciarse con aquella gente porque, o consigue que se conviertan en su tribu, su familia, o está muerto. Busca entre lo que ha podido encontrar y selecciona tres piedrecitas de colores de dentro de sus bolsillos y recuerda sus tiempos como meritorio de un circo de malabaristas. Sonríe, hace una reverencia, muestra las piedrecitas y empieza a voltearlas en el aire como un payaso experimentado.

Poco a poco escucha el sonido de los escudos y las lanzas posarse en tierra. “Buena señal, se dice”. Ensaya algunos trucos más y va oyendo el murmullo de los guerreros apartarse para dejar paso al que puede ser el rey de la tribu o su emisario. “Uff, se dice, parece que lo he conseguido”.

Casa VI. Mi cumplimiento con la tribu.

El jefe aborigen emplumado y ceremonioso le dice que no entienden nada de lo que está haciendo pero que comprenden que es una señal de amistad y de no agresión. Y añade que ellos también juegan y que con el tiempo le enseñaran cómo, pero que si quiere quedarse con ellos ha de entender que todos en la tribu tienen un cometido y una disciplina; todo el mundo ha de arrimar el hombro. E inmediatamente le asignan deberes, le señalan lo que se puede hacer de lo prohibido, etc.

Casa VII. El otro u otra.

Una vez la tribu considera que el náufrago puede ayudar en las tareas del día a día y no representa ningún peligro, le permiten dar el siguiente paso hacia su integración; establecer un vínculo estrecho con alguien de la tribu. Tienen lugar los rituales nupciales por medio de los que el náufrago va aprendiendo algo más del lugar al que ha ido a parar.

Cada VIII. Lo que necesito compartir y alimenta mi relación.

 El náufrago ha de in encontrando algo consistente que compartir con el o la aborigen para que su relación se mantenga lo más duradera posible.

Casa IX. Mis rituales trascendentes.

En el ejercicio de las funciones de su relación con alguien de la tribu necesita encontrar un ritual que los trascienda, un contrato social, participar de las creencias y mitos religiosos de la tribu, y al propio tiempo hacerlos suyos o utilizar esa necesidad de ritualizar creencias para encontrar las suyas propias. 

Casa X. Reclamo mi recompensa.

       Poco a poco el náufrago ha ido andando hacia su integración en la tribu, ha cumplido sus obligaciones, se ha comprometido con alguien estrechamente y ha ritualizado su presencia. Es el el momento de reclamar reconocimiento explícito. Se dirige a sus conciudadanos para explicar quien es, lo que sabe hacer y como puede mejorar las cosas en la tribu.

Casa XI. Quienes pueden recompensarme.

       La interacción con los demás miembros de la tribu es la medida de la recompensa que puede recibir de ellos.

Casa XII. Mi retiro para encontrarme.

       Finalmente, y habiendo cumplido en la medida de lo razonable con su nacimiento y la gente de la isla, el náufrago puede volver a la playa que la cogió y le permitió acceder a una nueva vida.  Se sienta en la arena cerca del suave rompiente de las olas hasta que llega el crepúsculo. Entorna los ojos como en una especie de despedida, y se relaja por primera vez desde que llegó.  

Juan Trigo

Enero 2022