Mis alumnos a veces se sorprenden cuando en algunos puntos técnicos, como encontrar el planeta dominante, decidir si un planeta se expresa por la casa siguiente cuando el orbe técnicamente es demasiado grande, etc., me quedo con la duda y uso esa duda como motor de búsqueda. Yo trato de razonarles que la vida es un puro misterio de la que solamente podemos ver, de refilón, un dibujo de una foto borrosa de la punta del iceberg. 

La angustia por desvelar el misterio o vivir en él, constituyen la esencia del equilibrio en la búsqueda de la iluminación, que es el terreno de nuestro Camino. Agarrarse a certezas a cualquier precio ha creado desde el Paleolítico los múltiples e inútiles sistemas de creencias, y el miedo inculcado desde la presión cultural sigue forzando a la persona a buscar seguridades. ¡Santa Inocencia! Los marinos saben muy bien que cuando salen a navegar las certezas son puramente teóricas, puesto que el mar es tan impredecible como incontrolable… Como la vida misma.

La percepción intuitiva de los símbolos de una carta natal y sus interacciones, que es la base del camino de su interpretación, podría explicarse como una navegación por cosmos, que es un inmenso océano, al fin y al cabo. Y en la tarea de interpretar una Carta Natal somos como marinos que zarpamos del puerto seguro de nuestra ignorancia para adentrarnos hacia quién sabe que tempestad o calma absoluta no esperan. Quedarnos con aquellas certezas que nuestra intuición ha proveído en un momento dado, es útil, como también no renunciar a las incógnitas ni pasarlas por alto, porque, al igual que cualquier pregunta, son portales al descubrimiento de lo que hasta ese momento desconocemos.

Yo digo siempre a mis alumnos que, al igual que la vida está hecha de momentos, tan inciertos y discontinuos como la teoría de los quanta, la interpretación que hacemos hoy nunca será la misma que la que podemos hacer mañana o al cabo de un año sobre la misma Carta Natal. Este es el poder y la belleza del misterio, que nos acompaña siempre, como una amante tan peligrosa como reconfortante, por más miedo que le tengamos.

Al entrar en cualquier Carta Natal lo hacemos como a una selva amazónica, atraídos por su exuberancia, pero temerosos de caer en sus arenas movedizas. Es como el miedo a la propia vida; no hay más remedio de reconocer y continuar.

Juan Trigo

Noviembre 2020