El ser humano se cree prisionero en una mazmorra terrible, y aunque puede darse cuenta que la pesada puerta de la mazmorra esta abierta y que no ha estado siempre, y que por lo tanto puede salir cuando quiera, sigue ahí pensando que es su destino.

Jalal-El-Din Rumi

Es increíble, una sensación de otro mundo, aunque es perfectamente de este y esta dentro de nosotros, cuando por algún recóndito mecanismo de nuestra conciencia nos atrevemos a desprendernos de la pesada piedra con la que cargamos pensando que esa nuestra obligación y/o destino.

A los constructos mentales producidos por las culturas, que llegan a condicionar a las personas de que han venido a este mundo a sufrir y sacrificarse, albergados en la mente, los sufís les llaman El Gran Villano, el Yo Dominante. Castaneda, en boca de Don Juan, le llama “El Pinche Tirano”.

Este eficaz condicionamiento sobre el género humano está ejemplificado por el cuento del enorme y fortísimo elefante de circo atado de una pata a una pequeña estaca de la que podría desprenderse con un ligero movimiento, pero como cuando recién nacido lo ataron a esa misma estaca y trato de desprenderse, pero no pudo porque a esa edad la estaca era más fuerte que el, pensó que toda la toda estaba condenado a ella.

Los sistemas de creencias se basan en que “algo de afuera de nosotros” va a redimirnos y liberarnos, y esperamos, esperamos, esperamos… y como no ocurre nada, porque nosotros no hemos movido un dedo, nos inventamos paraísos, cielos, otras realidades a las que escapar. La liberación es interior e irradia al exterior, o no es.

Una herramienta útil es darnos cuenta que todo esta en nosotros y que no dependemos de nadie para experimentar la libertad interior. La libertad exterior viene por añadidura y como consecuencia de la interior.