Muy triste pero muy frecuente historia la de Rayyan que no sobrevivió al caerse por un pozo que excavó su padre en sus tierras para tratar de conseguir agua.

No puedo ni imaginarme el dolor de esa familia, añadido al de vivir en la región de Xauen al norte de Marruecos, una zona donde la sequía es una endemia antigua y no llegan los recursos necesarios para dramas como éste. He viajado a esa zona por trabajo y conozco la mirada del aldeano marroquí encapuchado cuyo fulgor de infinita tristeza emerge de la sobra de la capucha ocultando casi el resto de la cara, pero con ese destello de desesperación que embarga al extranjero que desde el primero momento se siente impotente para hacer algo por su vecino del sur. Me imagino reproducir una hipotética conversación con el padre de Rayyan, (que llamaremos en árabe Abou Al-Rayyan) porque tuve bastantes sobre casos parecidos y todos acerca de la diosa desesperación. Deberían levantarle un altar por lo menos para poner velas a quien en España llamamos “La Patrona de los Imposibles”.

Me imagino los largos silencios que siguen a mi pregunta insoslayable, después de haber dado un sorbo ritual al te a la menta (Axai-bin-nana) que me ofrece i anfitrión en su chabola de adobe, “¿Cómo paso?”. Nos conocimos hace tiempo; el suficiente para haber quemado todos los acostumbrados rituales de salutación y demás cortinas de humo para ocultar la verdad de las tragedias inevitables y pandémicas. Solo queda el silencio de los gritos ahogados en la sequedad del llanto antiguo, que ambos conocemos muy bien. Y yo conozco también el camino que lleva a la mezquita a la que Abou Arayyan irá a cumplir con AlMagrib, el rezo del crepúsculo, es decir, cerrar los ojos murmurando el bismilla’h arrahman arrahim para olvidarse de que un cierto día que prefiere no recordar vino a este mundo. Lo “despertarán” sus correligionarios al terminar el rezo y ofrecerle la mano con el essalam-allahikum “la paz sea contigo”. Y abrirá los ojos, siempre sorprendido de seguir aquí. Lo siento mucho Abou Arayyan, soy padre de 4 hijos y no soy capaz ni de imaginar el dolor por el que estarás pasando: Te dejaste la piel cavando un pozo como pudiste y además de no encontrar agua perdiste un hijo en ese intento. Demasiado triste. No puedo seguir.

Juan Trigo

Febrer 22