Creo que ya me he despachado a gusto contra quienes han pretendido asustar a la gente confundiendo dioses y mitologías a su conveniencia, ahora me toca hablar de uno de los poderes reales que tiene todo ser humano. Como la mayoría de los misterios que rodean la efectividad de la practica de la astrología, en Plutón (Ploutos griego, dios de las riquezas y la abundancia) (y siempre teniendo en cuenta que los aspectos que vemos en la carta puede que no sean tales debido a la excentricidad de este planetoide) podemos encontrar un poder que, manifestado en forma de carisma durante la infancia, fue recibido de manera contradictoria por el entorno del niño, con lo cual éste pensó que algo en él no era aceptado y prefirió ocultarlo bajo una forma de miedo.

Como hago habitualmente en mis clases, utilizo mi propia carta natal para explicar aspectos astrológicos. ¿Qué mejor ejemplo que mi propia experiencia vivida? Yo tengo a Plutón en la 11, y les puedo garantizar que siempre tuve miedo a mostrarme, por más que me diera cuenta de que la gente sentía, cuanto menos, curiosidad por mi. No se me quitó la timidez hasta muy tarde, yo diría que en épocas muy recientes a mis 77 años. Sin embargo, he gozado del privilegio de tener los mejores maestros que pudiera imaginar, y sin hacer ningún esfuerzo para buscarlos, cumpliendo aquel arcaico axioma de que “cuando el discípulo esta a punto aparece el maestro”, no solamente en el mundo del yoga, la astrología, el sufismo, la psicología, etc. sino en la misma universidad, pues en los últimos cursos de carrera a dos de los más duros catedráticos les caí en gracia y disfrutaron impartiéndome enseñanzas a granel si que yo se lo hubiera pedido. Incluso uno de ellos quiso actuar de defensor para mi tesis doctoral.

Plutón astrológico parece albergar algún tipo de ebullición alquímica interior en la persona que al mostrarse espontáneamente en los primeros años de la infancia produce sorpresa en los adultos y estos reaccionan, como es natural, de forma poco adulta y en lugar de mostrar interés por esa “salida” inesperada del niño para averiguar qué más hay de genial él, no ocultan una intempestiva sorpresa e incluso desagrado, que el niño, como no puede pensar que precisamente el adulto se comporta como un niño, incluso peor, grava la impresión en su contra, y en lugar de pensar “que genial, mira como los he impresionado” lo convierte en “hummm… algo malo debe haber en mi que preocupa a mis papas”. Y ahí empieza a abonarse el terreno para el conductismo de la educación cultural.

En mis sesiones de consulta desarrollo precisamente este concepto para penetrar en el misterio, como diría el Maestro Vicente Lupo, y convertir ese miedo a que nos descubran, precisamente en nuestra genialidad. En nuestra vida de humanos,  ¡cuántos misterios nos toca desvelar!

Recomiendo la lectura del Maestro Vicente Lupo de sus libros “Astrología y realización Personal” y “Método Lupo de Interpretación Astrológica”.

Juan Trigo

Febrero 2022