En un artículo anterior comentaba que la civilización grecolatina, de la cual somos sus descendientes, creo los suficientes mecanismos psicológicos para que la gente buscara artificialmente sentirse protegida por cualquier cosa y a cualquier precio. Hoy quiero hablar de un producto adecuado a este mercado, es decir, una novedad (es importante que sea nuevo para crear estímulos más intensos) que se vende como dulces multicolores: Las noticias provocadoras de alarma social.

 

No me corresponde a mi analizar las noticias encuadradas en lo geopolítico, geobancario, geoecológico, etc., pero si en lo que afecta a la astrología. Debería yo entender que cuando un astrólogo escribe prediciendo una catástrofe mundial es consciente que a sus lectores se les va a encoger el corazón presas de pánico absolutamente impotente. Pero me cuesta entenderlo, porque esos lectores de la masa anónima que puebla las ciudades colmena sienten perfectamente que ante una catástrofe cósmica no pueden hacer nada. Entonces, ¿cuál es el propósito de asustarlos? Quien tales desgracias describe, ¿está pensando en cómo se sentirá quien vaya a leerlas? No me cabe en la cabeza.

 

Esta muy documentado en la bibliografía de ciencias sociológicas que provocar alarma social tiene propósitos muy específicos y calculados, responde a una pura estrategia de mercado conducir la predisposición al consumo de la gente como viento que mueve olas en campos de avena.

 

No me interesa analizar los beneficios que pueden obtener esos estrategas modificadores de la opinión pública, pero sí aportar un comentario a mis queridos colegas astrólogos cuando predicen catástrofes, retrogradaciones o simplemente eclipses. Echo demasiadas veces en falta el consejo cariñoso y la recomendación del profesional inclinado a ayudar en lo posible a la gante para indicar vías creativas con las que aprovechar esas predicciones. Tal vez puertas de escape o alternativas al pánico, que, entre otras cosas, no sirve para nada porque paraliza a quien lo siente. Echo en falta que junto con esta monstruosa cuadratura celeste entre tales y tales planetas, se señale también ese y aquel otro trino o sextil a tal y tal planeta. Y sobre todo echo en falta que se diga que todo eso que se produce en el cielo hay que pasarlo a la Carta Natal de cada uno y solo, y una vez allí, analizar sus efectivas consecuencias.

 

No estoy mirando para otro lado cuando se produce una crisis. Todo lo contrario, la reconozco, pero no puedo hundirme y postrarme impotente ante ese destino en el que los dioses grecolatinos, y sus sucesivas versiones monoteístas, pretendieron hundir la humanidad, sino encontrar vías alternativas de crecimiento, reinventarse, explorar cambios de conducta, abandonar patrones obsoletos, mirar hacia adelante, no a otro lado. Como dijo Einstein: “Si abordas los problemas con viejas soluciones obtendrás lo mismo”.

 

Juan Trigo

Febrero 2018