En astrología, por la configuración de la Casa IV, podemos ver si nos acoge   internamente un protector espíritu de la manada, familia, tribu, grupo, o si, por el contrario, al revés del resto de las especies en este planeta, hay interferencias graves que nos provocan el terror de estar a merced de los depredadores. Interferencias sicológicas, culturales y sociales, que nos arrastran a la necesidad neurótica de buscar protección a cualquier precio; protección ilusoria pero precio real: nuestra propia vida.

 

En cada época de la historia han habido diversos mecanismos de enganche para que la gente olvide  su capacidad para darse cuenta de su realidad cotidiana y encuentre alternativas que le aporten una mayor satisfacción. En otras palabras permitir que el espíritu crítico básico con el que nacemos, pueda esquivar la alienación.

En la Edad Media fueron las religiones excluyentes, las guerras de rapiña, los enfrentamientos sectarios, etc.  En el Siglo XX la cultura fordiana del trabajo (por mencionar a Aldous Huxley y su “Mundo Feliz”, o a Charles Chaplin y su película “Tiempos Modernos”) y el florecimiento del confort fueron eficaces vías de enganche para evitar que aflorase el instinto natural y su herramienta básica el espíritu crítico, que no hubiera permitido dejarse engañar por consignas y zanahorias delante de nuestros ojos de asno. Pero las sucesivas crisis económicas han dado al traste con ese espejismo protector, y la humanidad necesita algo que la distraiga de sus angustias.

Hoy tenemos las series que ocultan muy eficazmente el cine comprometido y de crítica social. Enganches inacabables como las últimas generaciones de videojuegos que en base a producir interminablemente nuevos episodios mantienen al usuario mimetizado a un personaje que dista mucho de ser él mismo.

Muchas veces se me ha argumentado que la población que se deja y se complace en ser enganchada (yo mismo muchas veces me he sentido una marioneta) es porque – como decía Gurdjeff – no tiene nada dentro, pero nunca desistiré en pensar que eso es una exageración de gurú demasiado ególatra, y lo que ocurre es que simplemente no encontramos un acceso viable a la oportunidad darnos cuenta de los propios valores que  nos permiten sentir la vida

 

Más veces de las que me gustaría recibo comentarios de mis clientes como: “¿Que me va a pasar? Que sucederá ? “ y angustias por el estilo.  Y me siento aliviado cuando recibo algo así como : “¿Que tengo que hacer?”, porque entonces puedo con el cliente compartir  las posibilidades que veo en la situación actual de su Carta Natal  y lo que YO haría,  y por tanto explorar las posibles alternativas.

 

Los mecanismos de alienación que ya nos vienen de la Grecia clásica, con su concepto del destino inexorable y unos dioses vengativos y caprichosos, han producido una cultura del miedo imaginario y el temor al riesgo, de la que se libran las especies animales que lo afrontan con naturalidad e instinto de supervivencia.

 

Vemos películas de serie porque sabemos que el final, sea cual sea, está controlado por el dios guionista y lo mismo ocurre con los videojuegos que ocupan también muy eficazmente nuestro tiempo de vivir.

 

¿Nos protegemos de vivir?

 

Juan Trigo

Febrero 2018