EL ASTRÓLOGO SOLAMENTE PUEDE INTERPRETAR UNA CARTA NATAL CUANDO INTERACTÚA CON LA PERSONA EN CUESTIÓN. CUALQUIER OTRA COSA ES PURA TEORÍA… O FANTASÍA.

Le ponemos el nombre de una persona a un momento del cielo, es decir a la gráfica del sistema solar visto desde un punto de la tierra y en un instante determinado, y nos olvidamos de varias cosas, que solamente se trata de la sincronicidad del nacimiento de esa persona con ese instante del cielo, es decir, que pudo también coincidir con cualquier otro acontecimiento; el nacimiento de un perro, el primer temblor de un terremoto, el brote de la primera flor de un almendro, etc. Y nos olvidamos también que  podemos encontrar una gráfica idéntica en otro punto de la tierra, cambiando convenientemente las coordenadas y la hora. Y nos olvidamos asimismo de que esa grafica solo tiene 2 dimensiones mientras que cualquier ser vivo o acontecimiento en la tierra tiene 3 dimensiones, luego en esa gracia nos falta la dimensión del espacio. Y nos olvidamos de tener en cuenta que esa persona nació en un ambiente cultural concreto, es decir con la enorme presión de sus condicionamientos específicos, la mayoría de las veces contra natura, con una herencia familiar, tanto histórica como patológica. En fin, nos olvidamos de casi todo menos de aplicar las recetas reduccionistas que la bibliografía habitual graba sobre el buen hacer de cualquier ciencia u oficio, provocadas por esa obsesión patológica del ser humano de querer respuesta inmediatas y digeribles a cualquier precio. Y ese precio es altísimo, como lo demuestra la misma historia de nuestro planeta.  

Ese es uno de los motivos por los que repetidamente digo en público que no creo en absoluto en ningún ejercicio de interpretación que no se haga interactuando personalmente con quien nos pide la lectura de su carta. Todo lo demás son opiniones de orden tan general, que en el mejor de los casos no sirven para nada. El otro motivo es precisamente que ese ejercicio de interactuar con otra persona desde la perspectiva trascendente que proporciona el juego de arquetipos y simbología astrológica proporciona instantes imprevistos de intuición, destellos de otro nivel fuera de consciente cotidiano, nuestro peor enemigo, iluminación espontánea que nos conecta directamente con la verdadera realidad del universo.

Hay una condición, como en la de todo buscador de la Verdad: mantener en todo momento la humildad de no agarrarse a ninguna seguridad, a ninguna certeza, pues al navegar por los turbios océanos de nuestra ignorancia, todas las opciones están abiertas.

Juan Trigo

Mayo 2020