Salgo de casa para ocuparme de varios asuntos, pero hoy me permito sentir la vida en el camino hacia esos sitios, no solo en el momento de llegar a ellos. Al entrar en el parque, en lugar de ir por las vías adoquinadas que se construyeron para que la gente fuera deprisa, voy a atravesar por el césped y la fronda. Paso debajo del gran árbol de hojas tan grandes como paraguas y me detengo unos instantes a deleitarme con su atmósfera de protección. Lo he abrazado muchas veces para recibir de su rebosante energía, pero hoy quiero pasar de puntillas por las sensaciones, como cuando rozo con las puntas de los dedos las espigas de avena en el campo. Hoy quiero sentir la vida sin prisas, porque es mi única manera de hacerlo y quiero impregnarme de los aromas y colores del camino en lugar de obsesionarme por la meta, porque el primero es mi presente, y la meta quien sabe que es. Hace unos instantes iba en el autobús viendo pasar por la ventana la película multicolor de las calles, con sus protagonistas los transeúntes, y al volver la mirada al interior me fijo en las caras de quienes comparten aquel espacio ambulante; son mi presente. Me pregunto qué presente estará mirando através de la ventana ese hombre alto de cabello gris, vestido con austeridad, o el de aquella señora cuyo asombro por la vida han escrito en su frente sus cejas arqueadas. O ese niño que de pronto ha callado las preguntas a su madre y ha dejado vagar la mirada por el interior del vagón.


¿Qué presente has sentido hoy?

10 Enero | Juan Trigo