Recuerdo que cuando Orson Welles lanzó su famosa película Ciudadano Kane, un montón de críticos y periodistas renombrados se lanzaron al esclarecimiento del misterio “Rosebud”, la última palabra que exclama el moribundo, que en sus últimos momentos le lleva a la luz de su infancia.

¿Por qué me ha venido a la memoria ahora, puesto que se trata de una verdad universal: “la infancia secuestrada” por una u otra de las infinitas formas de condicionamiento llamado “Educación”? Supongo que alguno de mis continuos buceos introspectivos sincronizó con la comparación del llamado “éxito mundano”, el famoso Ciudadano y su famoso éxito, con la verdad de la Luz con la que nacimos.

Deben vivir muy felices aquellos que logran “Distraerse”, “Evadirse”, “desconectar”, engrosar en definitiva una de las sectas más numerosas del planeta: Los seguidores del “That’s Entertainment” holiwoodiense. Yo no puedo, las voces no me han dejado tranquilos desde que tenía 4 años… Afortunadamente, porque la noche efímera del bullicio de la di-versión solo me sugiere una forma de tristeza por el tiempo desperdiciado.

Juan Trigo

Octubre 22