– Maestro, – preguntó el joven Gurdjeff, – ¿Cómo puedo entender eso que me decías de que Dios está dentro de mí?
– Antes respóndeme, ¿qué es para ti Dios?
– Dios… es Todo, el universo y su creador a la vez, lo abarca todo, lo alimenta todo… – el discípulo de interrumpió ante la inmensidad inabarcable de su propia descripción.
– Yo también lo veo así, – respondió el Maestro acudiendo al rescate de su pequeño aprendiz de brujo. – Bien, pues baja a la orilla del mar y tráeme un litro de agua, pero asegúrate de que es agua del Caspio.

Al cabo de una hora el joven discípulo volvió diligente con un jarro lleno de agua.

– Pero… – empezó a protestar el maestro. – Esta no es agua del Caspio. ¿De dónde la has cogido?
– Maestro, se lo juro, bajé a la orilla, me sumergí hasta la cintura y llené este jarrón.
– No puede ser. – seguía insistiendo el maestro. – ¿Dónde están los peces, y las plantas, y los pescadores…?
– Pero… – dijo el discípulo atónico – No me dijo que cogiera peces, ni plantas, y en cuanto a los pescadores…
– Nada, nada, para ser agua del Caspio ha de tener todo eso. Me has engañado, – sentenció el maestro provocando al discípulo.
– ¡Maestro, el agua está por todas partes, en el Caspio, en el rio Gorgan, en mi cuerpo, en el vuestro, solo se diferencian en las variaciones propias del lugar y de las condiciones, pero es la misma agua! – se le cortó el resuello, más bien por temor a haber levantado la voz al maestro como por el propio esfuerzo.
– ¿Necesitas más explicaciones sobre la naturaleza del Dios, y porqué está en ti, que la respuesta que tú mismo acabas de encontrar?
– Entonces, ¿Dios es el agua?
– Es hora de preparar la comida, la respuesta a eso será otro día.

Extraído del conjunto de relatos que se publicó hacia 1940 bajo el título de Los Maestros de Guirdjeff, descripción de algunas de las etapas del aprendizaje del Maestro, encontramos el ejemplo proporcionado por uno de ellos, a la sazón un herrero del pueblo de Abaskun, en la orilla oriental del Caspio (un cuento didáctico universal que podemos leer ya en la Geographya de Ptolomeo). El relato utiliza la clásica discusión escolástica sobre el concepto de Dios, que, para la vías de trabajo espiritual, desde San Agustín, pasando por Santa Teresa y por los Gnósticos de todos los tiempos, alberga los conceptos de destino, alimento e inspiración de todas las criaturas. El relato que reproducimos aquí pretende ejemplificar que ese destino, inspiración y sustento espiritual no se encuentra en otra parte que dentro de cada uno de nosotros. Los llamados “hombres de conocimiento”, como también los guías religiosos, solo son eso, guías. Y como se lee en el Corán, “nadie puede mediar entre tú y Dios; lo que has con tu vida es un asunto entre tú y Él”.

El estudioso podrá reconocer en este ejemplo algunos relatos del Arte Hermética y de la Alquimia (Las bodas Químicas de Christian Rosenkrantz, etc), ya que la búsqueda de la Verdad no tiene distinción de credos, corrientes religiosas o filosóficas, países, grupos sociales, tendencias, más bien ha de trascenderlas todas.

Concretamente este relato habla de que el maestro conoce muy bien el fenómeno de la fatiga mental que produce en todo proceso de aprendizaje. El joven Gurdjeff había agotado toda su energía del momento al descubrir qué quiso enseñarle el maestro al ordenarle ir a por agua, y de momento había relacionado que el agua del Caspio, como la del rio Gorgan, como la de la fuente del pueblo, como por ejemplo la de su propio sistema linfático, es la misma en su origen, solo que envolviendo y permitiendo el desarrollo de aquellos componentes propios de todas las criaturas existentes en el universo. De ahí a la deducción de que Dios es un concepto similar pero total, iba un paso, pero para captarlo el discípulo debía recuperarse del esfuerzo mental, para que sus facultades pudieran captar ese siguiente paso de la enseñanza con renovadas energías y por tanto con éxito.

El lema sufí de que “Todo lo que necesitas está en ti”, se refiere a que en realidad podemos hacer frente a cualquier circunstancia con la que nos encentremos en el mundo porque, al igual que una bota de agua reproduce la composición del océano, así toda persona reproduce en su extraordinaria complejidad biológica, el universo; el verdadero esfuerzo consiste en irse desprendiendo de los velos producidos por los diferentes condicionamientos culturales, educacionales, circunstanciales, etc., para lograr encontrar quién verdaderamente es. Esto último se encuentra en la colección de cuentos iniciáticos bajo el lema “Recuerda quién eres”

Juan Trigo