Le explico a un cliente uno de los principios en los que se sustenta la Gemología tradicional: No escogemos nosotros la piedra sino al revés. A parte de lo que pueda opinar el mundo del consumo, de las modas, el glamour y todo eso, que no tiene  absolutamente ninguna relevancia, según la tradición antigua, cuando una persona necesita colocarse una piedra para que esta realice sus efectos equilibradores e energía en la persona, lo único que ha que hacer es conocer las propiedades del color asociadas al del los chacras, que siguen el orden del Arco Iris: Rojo, Anaranjado, Amarillo Verde, azul, añil y violeta. El primer chakra vibra (equilibra) con el rojo y el negro (granates, turmalinas, magnetitas) y protege de miedos atávicos (heredados),y cuando uno ha de adentrarse en lugares o conocer a personas peligrosas. El segundo chacra, el anaranjado (Granates y piedras rojas) vibra con las relaciones personales de tu-a-tu, sexuales o de cualquier tipo. El tercer chacra vibra con el amarillo (citrinos) nos protege contra el miedo al mundo y a luchar en el. El cuatro, el verde, el centro, el corazón (Malaquitas, cuarzo rosa) vibra con nuestro verdadero centro. El quinto, el azul (Sodalitas y piedras azules) vibra con la comunicación verbal y con la claridad de ideas. El sexto, añil o Índigo (Lapislázuli) es el de la intuición, el “Tercer Ojo”. Por eso empezaron a llevarse coronas en la antigüedad, para colocar el lapislázuli en la frente. Y el séptimo, la corona, el violeta, vibra con la comunicación trascendente. Normalmente han de colocarse las gemas según su color en la línea del chacra correspondiente.

Solo hay que preguntarse, ¿para que quiere la gema?

Si la quiere porque le gusta, para lucir, para impresionar a otras personas, entonces no tiene ninguna importancia, escoja la que le guste y póngasela donde quiera.

Juan Trigo

Junio 2020