La diosa y el mensajero entran en el primer carrousel de la feria. Vienen de la brumas del mundo que se desvanece, donde ella disfrutó de sus sentidos más exaltados y el pobre mozalbete con alas en los pies tuvo que poner a prueba su inexistente paciencia para esperar a que la niebla se desvaneciera.
Ella se va a encontrar en un territorio hostil, en el que no sirven de mucho los sentidos sino los desafíos, y ella no entiende de eso porque no los necesita para sentir el mundo. Pero en ese mundo temporalmente va a mandar el dios masculino de la Guerra. Hay que esperar a que el tiempo sacie su sed de no sabe qué enemigos derrotar; y la diosa no puede entenderlo.
Y el reportero tendrá que despabilarse porque la noticia de produce muy rápida como una llamarada que capta totalmente su atención, pero sin poder dar rienda suelta a su curiosidad. Sin  embargo ha entrado en un territorio en el que por lo menos hay algo que reportar: un fogonazo pero que le permite de alguna manera ejercer su función. El problema es que tendrá que ir de sobresalto en sobresalto y necesitará detenerse de tanto en tanto y cerrar los ojos para tomar aliento.
         Juan Trigo
         Marzo 2108