Dijo Einstein que se inspiró para descubrir su Teoría de la Relatividad paseando al atardecer a orillas de Lago Leman, deteniéndose a contemplar las luces del crepúsculo bailando sobre las olas.

La obra de Raymond Ruyer, La Gnosis de Princeton (primera edición francesa, Fayard Paris 1974) nos invita a meternos en el vórtice de la inspiración creadora de los grandes avances y descubrimientos de la ciencia en el umbral de la física cuántica. Por ejemplo la “confesión” de Max Planck revelando que calculó mentalmente su famosa constante (que define la cantidad de energía que puede transportar un fotón, de acuerdo con la frecuencia de la onda en la que viaja y que aritméticamente tiene la expresión 1,054 571 817 × 10-34 ) una madrugada mientras tocaba el piano. O las revelaciones místicas de Erwin Schrödinger, Premio Nobel de física 1933, describiendo cómo llegó a visualizar su famosa Ecuación de Onda. En fin, Louis-Victor De Broglie, otro premio Nobel de física, el de 1921, al irrumpir en el terreno de las leyes de Newton para provocar a la clase científica con su famoso principio de dualidad Onda-Partícula, según el cual una partícula puede comportarse al mismo tiempo, simultáneamente, con partícula y como onda, y en la cual están inspirados los modernos computadores cuánticos.

Parecería que existe un pálpito, una pulsión disruptiva, en el planeta humano que le hace mover desde sus propias entrañas hacia alguna parte de la comprensión del universo.

Desde Pitágoras, Siglo 6 antes de la Era Cristiana, divulgador del “dios número”, o muy probablemente hacia atrás en los lejanos confines de la historia, cuyos vestigios dejaron de ser comprensibles para nuestros días, este Homo Sapiens Sapiens no solamente ha producido muerte y destrucción encadenando guerras y esclavitud por doquier, sino algo más. El escritor Italiano Giovanni Papini en su Libro Negro atribuye a Einstein la conclusión de todo ello imaginando una entrevista que le hacen al sabio en la que el periodista le pregunta:

  • Dígame, maestro. ¿Sería usted capaz de resumir en tres palabras su inmensa obra que ha revolucionado la física?

Einstein queda reflexionando unos instantes y por fin responde.

  • Sí, efectivamente: tres palabras… Algo-Se-Mueve.

Juan Trigo

Noviembre 22